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sábado, 25 de septiembre de 2010

Volviendo a casa


Vistiendo realeza, con mirada de agila y calzado de príncipe mi caminar ha comenzado, mi vida a partido por los pasillos de un reino deslumbrante, por los jardines hermosos con las aves desplegando sus alas y las aguas fluyendo libremente por donde desean. La belleza es el rostro de todo, el dulzor deambula por la brisa eterna que llena cada rincón de la paz más plena antes contemplada. Miro a mi alrededor y encuentro a mis hermanos, mis hermanas, son mi familia la que camina llena de elegancia, llena de pureza, llena de lo que el Rey le ha regalado solo por amor, de ese hombre con rostro de luz y manos de amor, ese Rey que se merece todas nuestras coronas bajo su trono… el único Rey verdadero.
Corro con mis hermanos por hermosos prados llenos de luz, llenos de pureza, llenos de verdad, danzamos con el agua, jugamos con el viento, corremos y corremos por la gran libertad de este reino, pero algo nos dice que estamos demasiado lejos del hogar que nos dio todo lo que tenemos, que nos revistió, el que nos lavó, el que nos dio vida… pero luego recordamos lo hermoso de los bosques, lo perfecto de las aves.
La luz de las estrellas nos calman, la luna ilumina nuestro caminar por un reino perfecto, caminando por senderos distantes, recorriendo bosques lejanos, hasta encontrar un reino semejante del que proveníamos, pero había algo raro, el aroma era algo húmedo, parecía que todo era opaco en este reino, como sin vida alguna… pero tenía colores hermosos como pintado por los mejores artistas de la tierra y se escuchaba a lo lejos una melodía algo extraña pero con algo que nos atraía a ella. Era un nuevo reino, algo nuevo que conocer, algo que nunca habíamos visto.
Comenzamos a recorrer sus jardines llenos de flores distintas, tenían mucho de parecido con las de nuestro reino pero algo en ellas las hacía parecer falsas… caminamos por laberintos hechos de matorrales, laberintos que en sus extremos tenían las mejores comidas, los mayores deleites de este reino, todo era lujoso, todo era gigante, los arboles y flores tenían el doble de tamaño, en ocasiones nos asustabamos con las criaturas que habitaban en el reino, ya que tenían oscuros y profundos ojos pero que al vernos venían como perros mansos a pedirnos cariciasm todo lo que rodeaba a este reino era un tanto extraño.
Algo en la puerta de este reino cautivo nuestra mirada, corrimos a abrirlo y encontramos grandes escaleras, oscuros pasillos, alfombras un poco desechas por el polvo y tierra que cubría todo el interior, nuestras vestiduras era lo único que hacia brillar el lugar, todo seguía con un olor mas profundo a humedad y sequedad al mismo tiempo. Continuamos avanzando en este obscuro castillo lleno de tierra en sus pisos… luego de unas horas deambulando por la gran fortaleza comenzamos a buscar la salida, nada nos indicaba por dónde ir, comenzamos a desesperarnos al ver que cada camino nos llevaba a una nueva puerta o una gran muralla sin poder encontrar ni siquiera una ventada de donde brotara un poco de luz. El temor se apodero de nuestra mente al ver que a lo lejos se levantaban un par de gigantes columnas lúgubres hechas completamente de huesos secos que enmarcaban una gran puerta en la que se divisaba algo de luz en su interior, nos armamos de valor y corrimos hacia esa obscura puerta solo con la esperanza de que al otro lado encontraríamos el camino a casa, pero en el momento en que estábamos cerca de alcanzar esas columnas, una gran serpiente aparece a nuestro encuentro, el frio recorrió nuestras espaldas cuando vimos lo profundo de sus ojos, llenos de odio, esa piel cubierta de escamas llenas de dolor, el temor que nos inundaba termino apoderándose de nuestro cuerpo convirtiéndose en un terror incontenible, nuestras piernas comenzaron a temblar, nuestros ojos a llorar… lo peor estaba por comenzar… la serpiente erguida luego de mirarnos fijamente por horas y apoderándose así de nuestras mentes susurró a nuestros oídos : “¡Por esta puerta no podrán pasar! ¡¿Quiénes son ustedes para creer que encontraran la salida de este lugar?!”... Su voz ahogo toda nuestra mente y con un poder incomprensible comenzamos a caminar directamente hacia esas gigantes columnas guiados por la misma serpiente, pero mientras lo hacíamos nuestras propias manos comenzaban a quitar todas nuestras vestiduras de realeza, nuestras coronas fueron arrojadas a la fría obscuridad y nuestros calzados fueron arrancados de nuestros pies. Cuando alcanzamos la gran columna, la serpiente comenzó a mezclarnos con esos huesos y encadenándonos nos dejo presos de su reinado frio y oscuro… Pasaron horas, días o quizás años que nuestra mente no tenía otro recuerdo que lo que había salido de la boca de esa fría serpiente… nuestros cuerpos comenzaron a secarse y la humedad comenzó a llenar nuestro ser, entendimos que el aroma del lugar solo provenía de estas columnas, llenas de generaciones que cayeron en la trampa de un reino distinto… los segundos que transcurrían en esta cárcel de huesos eran como milenios sin descanso, sin encontrar paz ni tranquilidad, sin encontrar la luz que nos llenaba y nos vestía.
Por una razón desconocida en un noche cualquiera en nuestro cautiverio de huesos una voz recorrió nuestras cabezas diciéndonos, “ustedes no podrán, pero su Rey sí”, reconocimos completamente esa voz, era la que nos calmaba en las tempestades, era la que nos acariciaba con el amor más perfecto antes sentido… era la misma voz del Rey que nos había rescatado.
Comenzamos a gritar todos por la ayuda de ese Rey, pero nuestras voces habían sido secadas y lo único que salía de ellas era un delgado hilo de sonido imperceptible, pero a medida que nuestro clamor era más fuerte y desesperado, nuestra voz se vitalizaba, nuestra cabeza comenzaba a pensar nuevamente en la realidad en que estábamos y logramos encontrarnos en esta cárcel y dándonos cuenta que no podíamos solos comenzamos al unisonó a clamar por nuestro Rey, el que nos había entregado las llaves de su reino… el grito que salió de nuestro corazón remeció completamente la columna, la cual perdió el equilibrio casi por completo, la serpiente comenzó a gritarnos para que dejáramos de clamar, pero nuestro llanto era más fuerte que su voz, era más fuerte que todas sus estrategias para callarnos, nuestro clamor era tan desgarrador que la misma puerta que protegía esta serpiente comenzó a temblar.
Luego de un tiempo clamando escuchamos a lo lejos una trompeta, un shofar que luego de sonar dejo un silencio seco, solo sentíamos el jadeante respirar de la serpiente buscando un lugar donde esconderse… luego del silencio profundo se escucho un estruendo como un rugir de mil leones feroces pero que para nosotros era completamente conocido y en vez de asustarnos y perder el control, una paz absoluta cubrió nuestro cuerpo cayendo a suelo por la gran paz que nos inundaba, el estruendo comenzó a destruir el techo del castillo, comenzó a remecer los cimientos de esa sala y la puerta estallo en una especie de bomba dejando que la luz de nuestro Rey resplandeciera por todo el lugar… por fin pudimos ver la realidad del castillo, era absolutamente viejo, lleno de dibujos son forma, de fealdad absoluta, sin ningún brillo… sin nada que esconder era solo una pila de muros sin gracia.
Mientras la luz de nuestro Rey llenaba el lugar no pensamos en nada más que en correr a los brazo de nuestro Salvador, el que ya no era un simple Rey, sino que era ahora nuestro Padre, el cual había escuchado nuestro llanto y había llegado lleno de amor. Corrimos a sus brazos y llenos de amor nos fundimos en un abrazo maravilloso, volvimos a sentir ese aroma a hogar que de Él brotaba, volvimos a escuchar ese latir que nos regalaba nuevamente esa paz que tanto extrañábamos. El solamente lloraba al saber que sus hijos nuevamente estaban junto a su Padre, el cual nunca dejaría que nada les pasara, el que los protegería por toda una eternidad, el que lo daría todo con tal de estar cercano a sus hijos para acariciarlos con su amor… Su mano pasó sobre nuestros cuerpos secos llenándolos nuevamente de vida, cubriéndonos con vestiduras aun más brillantes y cubriéndonos con coronas hechas de cristal resplandeciente que siempre nos recordaría el agua de paz que fluye desde su trono.
Nuestra felicidad no podía ser mas plena, pero había algo que nos incomodaba… era el hecho de ver esas columnas caídas pero llenas de huesos de generaciones que un día estuvieron con vida… nuestro clamor continuó al ver que por más que juntábamos los trozos no podíamos darles la vida que un día tuvieron, nuestro llanto por ellos, por los que ya habían muerto fue aun más fuerte que el que habíamos tenido por nosotros mismos… nuestro Rey que ahora se había transformado en nuestro Padre al vernos con tanto quebranto por esos huesos, levantó nuestras cabezas con su mano y nos dijo con esa voz que nos desasía solo al escucharla: “No desesperen porque Papá llego a casa”… al pronunciar estas dulces palabras todos esos huesos comenzaron a temblar y comenzaron a tener vida, vida que lleno de forma lo que un día estuvo derrumbado, sus cuerpos volvieron a ser lo que eran y su vida volvió a tener el resplandor que un día esa serpiente quito de su caminar.
Ahora no solo éramos nosotros, los que habíamos corrido fuera de la casa del Rey sino que ahora estábamos junto con esta multitud de nuevas criaturas mirando cara a cara al Padre que nos había dado la vida, el que nos había traído nuevamente a su regazo, el que había quitado nuestro dolor con amor, el que merecía todo lo que teníamos y todo lo que éramos… Nunca hubo un día más resplandeciente como ese…